¿Educamos para el éxito?

Desde que Federico II de Prusia pusiera en marcha en 1763 la escolarización obligatoria, nos podemos preguntar: ¿para qué estamos educando?

En respuesta a esta pregunta cabe la reflexión que me surgió después de un debate en el aula. Tras preguntar al alumnado cómo se verían de mayores, la respuesta unánime no me sorprendió, pero sí me causó una seria impresión. La clase formaba consenso en una opinión clara: les gustaría ser ricos y famosos. Y ante este escenario nos podríamos preguntar: ¿para esto sirve la educación en nuestros días?

Fueron muchos los críticos que cuestionaban el componente alienante de una educación bancaria¹ propia de una sociedad industrial. Sin embargo, no habiendo dejado atrás estos componentes, la escuela nueva o futura, ¿trae consigo la demanda de las nuevas generaciones?

Ya en 1984, Noam Chomsky decía que “se ha producido un gran esfuerzo para tratar de convencer a los jóvenes de que son narcisistas”. Tras una primera fase de creación de tecnócratas pragmáticos, la nueva sociedad demanda agentes del conocimiento que sepan adaptarse a cualquier marco, creativos e imaginativos. Estos individuos, sumidos en la sociedad de la comunicación y el espectáculo, demandan competencias propias para alcanzar el éxito en sus respectivas carreras profesionales, culminado por una recompensa monetaria sumamente grata.

Bajo ese ideal, ¿cumple con las expectativas el papel del docente ? El rol del profesor/a en las aulas cambia, debe adoptar un nuevo significado y tal vez sea ese su nuevo papel, formar y motivar para que cualquier persona pueda alcanzar su sueño.

No obstante, ante este marco soberano, me quedo con una frase de Bertrand Russell (1971) que suena hoy ilusoria, “el objetivo fundamental de la educación consiste en sustituir y alentar cualquier impulso creativo que posea el ser humano”. Bajo esta concepción humanista, considera al niño de igual modo que el jardinero considera a un árbol joven, es decir, como “algo con cierta naturaleza intrínseca que adquirirá una forma admirable si goza del terreno, el aire y la luz apropiados”.

Replantearnos tal vez el ideal de fin que transmitimos puede ser un comienzo a la hora de analizar nuestro nuevo rol en las aulas, donde, parafraseando a Marx, el trabajo se ha convertido no sólo en un medio de vida, sino también en la máxima aspiración del ser humano.

Aspiración de lujo y victoria que dejan en el olvido las palabras de Wilhelm von Humboldt, “indagar y crear: tales son los centros de interés en torno a los cuales giran, de manera más o menos directa, todos los deseos de búsqueda del ser humano”.

Miguel Ángel Ruiz Domínguez


1.Paulo Freire plantea que la educación actual se nutre de lo que denomina “educación bancaria”. “Surge una concepción ‘bancaria’ de la educación, en que el único margen de acción que se ofrece a los educandos es recibir los depósitos, guardarlos y archivarlos”.

Bibliografía

  1. Marx, Karl (1844) Manuscritos de economía y filosofía
  2. Paulo Freire (1970)  Pedagogia do oprimido. New York: Herder & Herder.
  3. RoutledgeFalmer (2003) Chomsky on Democracy and Education, Nueva York
  4. Russell, Bertrand (1971) Problems of knowledge and freedom, Pantheon, Nueva York.
  5. Wilhelm von Humbolt, The limits of state action, comp. J. W. Burrow, Cambridge University Press, 1969.

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