Pedagogía de la indignación

Hoy os presento Pedagogía de la Indignación. Cartas Pedagógicas en un mundo revuelto, edición póstuma de la última obra del ilustre Paulo Freire. Cartas en las que se respira, desde un primer momento, la inmortalidad y la frescura de las palabras de su autor y el afán por transmitir con la palabra su acción política y pedagógica.

Para los que aún no le conozcan, Paulo Freire (1921-1997) fue un destacado pedagogo del siglo XX, y a mi parecer el más importante. Nacido en Brasil, fue profesor de escuela y empleó desde sus orígenes una metodología no ortodoxa de alfabetización considerada una variación de la teología de la liberación. En 1964 fue encarcelado después del golpe militar que provocó su largo exilio posterior. Tras esto, publicó su primera obra, La educación como práctica de la Libertad (1967), y su obra con mayor trascendencia y repercusión, Pedagogía del Oprimido (1969). De esta manera, su trayectoria se enmarca en el trabajo y el reconocimiento, recibiendo el título Doctor Honoris Causa en veintisiete universidades internacionales además de, entre otros muchos, el premio Unesco de Educación para la Paz.

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Retrato de Paulo Freire. Fuente

Para comenzar esta reseña he vuelto a coger el libro de la estantería y he comenzado una segunda lectura del mismo. Así, desde un primer momento, las sensaciones se confunden entre el recuerdo de lo sentido en un primer contacto y las reflexiones que se transmiten de esta segunda lectura.

Con un cierto carácter nostálgico, el libro se nutre de las últimas cartas escritas en 1997 por Freire y llevadas al papel gracias a su mujer, Ana María Araújo Freire, quien además completa la obra con “otros escritos” no publicados redactados en su mayoría en 1996. Estas publicaciones se acompañan con anotaciones bibliográficas del momento en el que se escribieron, las cuales, junto a la cercanía que expresa el propio autor, acercan enormemente a una lectura que se convierte silenciosamente en escucha.

Quien no haya leído nada de Freire antes, se encontrará con el autor en estado puro, con la convicción de la transformación, con la rabia y el fervor de un humanista empedernido. Desde la primera carta, Del espíritu de este libro, recibimos una invitación al diálogo abierto a la crítica, a la reflexión sobre nuestro ser en el mundo y nuestra capacidad de intervención y acción en los procesos históricos. En sus palabras, “nuestra presencia en el mundo, que implica elección y decisión, no es una presencia neutra”. (p 39)

En este camino hacia nuestra actitud ante la vida, nos invita a la coherencia de nuestras acciones. Una actitud de trabajo como docentes, padres, madres y sujetos en el mundo para trabajar, sin caer en el discurso fatalista de un determinismo que nos acomoda como individuos inmutables frente a la injusticia.

“La educación tiene sentido porque el mundo no es necesariamente esto o aquello, porque los seres humanos somos proyectos y al mismo tiempo podemos tener proyectos para el mundo. […] La educación tiene sentido porque, para ser, las mujeres y los hombres necesitan estar siendo. Si las mujeres y los hombres simplemente fueran, no habría por qué hablar de educación.” (p 47)

En este sentido, remarcamos la importancia de una educación problematizadora que sea capaz de construir y mantener los sueños que nos mueven y proyectar así, con esperanza, la creación de una utopía que nos sirva como motor de intervención. De este modo, “no sólo soy objeto de la Historia, sino también su sujeto. En el mundo de la Historia, de la cultura, de la política, no constato para adaptarme sino para cambiar.” (p 100)

Con ello, debo confesar mi emoción en referencia al Movimiento de los Sin Tierra, sus palabras transmiten la energía suficiente para entender que el cambio es posible, su lectura invita a expresarlas en alto y reafirmar la necesidad de intentarlo.

De esta manera, se entiende el deber de un educador de transmitir esta convicción, de romper la burbuja y acabar con la arrogancia a través del diálogo para favorecer una lectura del mundo propia de sujetos históricos.

“La educación siempre es una especie de teoría del conocimiento puesta en práctica, es naturalmente política, tiene que ver con la pureza, nunca con el puritanismo, y es, en sí, una experiencia de belleza. ” (p 113)

Miguel Ángel Ruiz Domínguez


Autor: Paulo Freire

Título: Pedagogía de la Indignación. Cartas pedagógicas en un mundo revuelto

Editorial: Siglo veintiuno editores

Precio aproximado: 16e (puedes adquirirlo en Traficante de sueños o en La casa del Libro)

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