La educación como práctica de la libertad

Hoy os traigo la primera obra del gran Paulo Freire, La educación como práctica de la libertad. Texto inspirador, con un marcado carácter político propio de un análisis histórico comparado. Este ensayo, centrado en su país natal (Brasil), consigue que sus conceptos viajen y traspasen fronteras de manera clara, sencilla y contundente.

Freire nació un 19 de septiembre de 1921 en Recife, Brasil. Ingresa en la Universidad en 1943, estudiando Filosofía y Psicología del lenguaje. Un año después, se casó con la maestra Elza Maia Costa de Oliveira. Posteriormente practica junto a ella el llamado “Método Paulo Freire”, con el que se enseña a leer y escribir desde una perspectiva crítica a las clases pobres de todo el país, alcanzando así una extraordinaria popularidad tanto nacional como internacionalmente. Entre sus obras destacan Pedagogía del Oprimido (1969), de gran trascendencia y repercusión hasta nuestros días, y La educación como práctica de la Libertad (1967), escritas después de su encarcelamiento y exilio tras el golpe militar. Entre otros reconocimientos, obtuvo el premio UNESCO de Educación para la Paz (1986) y el Andrés Bello de la Organización de los Estados Americanos como Educador de los Continentes (1992), además de recibir el título Doctor Honoris Causa en veintisiete universidades internacionales. Finalmente, falleció en Sao Paulo en 1997.

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Retrato de Paulo Freire. Fuente: aquí.

Desde el primer capítulo de esta obra (La sociedad brasileña en transición), la visión del mundo y del ser humano de Freire se perfila entre el deseo y la fe en la especie. Así, expresa que “el hombre es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino con el mundo” (pág. 1)

Desde una perspectiva histórica, cuando describe a la sociedad brasileña, se encuentran similitudes con Las venas abiertas de America Latina, obra de Eduardo Galeano, ya que da voz a aquellos que nunca la tuvieron y escribe las crónicas que no se contaron. De este modo, de una manera cercana y brillante, es capaz de llegar a todos los públicos, incluso a aquellos que puedan sentirse más reticentes a un ensayo político.

Apuesta por la educación crítica como vía hacia una sociedad futura democrática. Así, con un carácter altamente elevado del concepto, atribuye un matiz profundamente humanista al mismo. A la vez, se encuentra un símil con la libertad en el sentido más puro, acariciada por el amor, la tolerancia y el ser en todo su contexto.

En este sentido, se aprecia una idea que se aleja de la praxis que podamos haber vivido. Encuentra, impregnado en la esperanza,  la “radicalización” frente al “sectarismo” como mecanismo de ruptura y escape de una sociedad cosificada. Así expresa cómo “la radicalización, que implica el enraizamiento que el hombre hace en la opción, es positiva porque es preponderantemente crítica” (pág. 14)

Esta pedagogía busca, a través del diálogo, la comunicación y el respeto, que el pueblo escape de la mitología, de la falsa fe, de los eslóganes vacíos, de la falta reflexión del activismo que no cree en él, que busca en este sólo el apoyo a sus fines y no su concienciación, “el sectarismo nada crea porque no ama”(pág. 15)

 

“El gran peligro del asistencialismo está en la violencia del antidiálogo, que impone al hombre mutismo y pasividad, no le ofrece condiciones especiales para el desarrollo o la apertura de su conciencia que, en la democracias auténticas, ha de ser cada vez más crítica” pág. 23

 

Entiende así que, buscando en el escenario de la inexperiencia y de la opresión, la educación debe enseñar a leer el mundo para transformarlo y liberarlo. El único camino que encuentra es la participación, la construcción de una ciudadanía activa con conciencia histórica. Freire busca la transición hacia una conciencia crítica gracias a la educación basada en el diálogo y el entendimiento. Una pedagogía comprendida en el posicionamiento del sujeto con y para el mundo, bajo la acción y la reflexión inminentemente problematizadora, “necesita una educación para la decisión, para la responsabilidad social y política.” (pág. 58)

El autor entiende que el sujeto debe aprender a debatir, discutiendo y rompiendo con la pasividad que le es impuesta. De esta manera, “la educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor” (pág. 67)

En este sentido, se describe la experiencia realizada en el Movimiento de Cultura Popular de Recife, donde se llevaron a cabo estos métodos de enseñanza activa. De esta forma, podemos encontrar en las últimas páginas de la obra la descripción de las fases y su ejecución práctica como ejemplo de cómo las personas cambian su manera de percibir la realidad y de cómo pueden ser partícipes del mundo.

Al mismo tiempo, aunque la puesta en práctica de esta obra nos parezca lejana y encontremos en la metodología de alfabetización de Freire un escenario distanciado de la realidad de nuestras escuelas, los conceptos perduran por igual hasta nuestros días. Son latentes en la medida que construyen, aquí y ahora, una visión crítica de la enseñanza, bajo la palabra y la acción propia de aquel que deseó el cambio con y para el mundo.

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Figura: Conceptos de diálogo y antidiálogo. Adaptación de Freire, La Educación como práctica de la libertad (pág. 80)

Autor: Paulo Freire

Título: La educación como práctica de la libertad

Editorial: Siglo XXI editores

Precio aproximado: 16e (puedes adquirirlo en Traficante de sueños o en La casa del Libro)


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