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¿Influye la valoración social en el desinterés por las asignaturas científicas?

Como en anteriores ocasiones, seguimos publicando los artículos que indagan en el desinterés por las asignaturas científicas. En esta ocasión nos preguntas, ¿influye la valoración social?

La visión negativa de la Ciencia en la sociedad actual se puede fundamentar en el trabajo de diversos autores, tales como Dunbar (1999) o más recientemente Iruin, (2011). Estos autores han conseguido resaltar cómo nuestra sociedad mantiene una visión de la Ciencia en la que se hace a esta responsable de problemas medioambientales, así como se han generado determinadas fobias sociales en las se tiende a pensar que todo lo que comemos, bebemos o respiramos conduce directamente a enfermedades y trastornos genéticos.

Un factor fundamental en este punto son los medios de comunicación, los cuales nos bombardean constantemente de noticias en las que aparecen metales pesados (mercurio, plomo,…), pesticidas, aditivos alimenticios, aditivos en la fabricación de plásticos,…e indicándonos los efectos nocivos que tiene su presencia en nuestra vida cotidiana. En contraposición, debemos de especificar que según datos estadísticos la alimentación en España es segura, y nuestra esperanza de vida llega ya a los 80 años (Goerlich y Pinilla, 2009; Martínez, 2011).

Por otro lado, tenemos que tanto en España como en el resto de Europa han existido numerosos grupos fundamentalistas que se oponen a la Ciencia, y que han tenido un importante peso a lo largo de la historia (Pablo Lobo, 2007; AA.VV, 2009). Un ejemplo reciente, ante esta negativa hacia la Ciencia de la sociedad, es la formación del Grupo Oblomoff[1]. Este grupo ha desarrollado textos y acciones de denuncia ante la supuesta complicidad entre la Ciencia, la industria y el ejército. Desde su libro “Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica” manifiestan que:

“Los científicos se han condenado a una compartimentación cada vez más minuciosa de su trabajo, a la sujeción de la financiación pública y privada con el único fin de extraer beneficio económico o ventajas estratégicas militares, y que en definitiva, a ignorar conscientemente para qué y para quién están haciendo ciencia.” (Grupo Oblomoff, p.13)

Como podemos deducir del texto este colectivo considera a los científicos cómplices de una investigación puramente politizada, en donde el afán por mejorar la calidad de vida de la población se ve eclipsado por los intereses políticos y militares. Este grupo culpa a la ciencia de los desastres medio ambientales y del desarrollo de nuevas enfermedades relacionándolas directamente con el progreso de la tecnología, y es por ello que criminalizándolos se muestran reacios a apoyar cualquier avance científico que pueda llegar a favorecer a la población mundial.

Por otro lado, debemos destacar que el origen de esta visión negativa se remonta a los años 60 y los 70. Durante esta década la imagen de las ciencias sufrió un importante deterioro, ya que fue directamente vinculada con problemas medioambientales, la carrera armamentísticas, el desarrollo de las energías nucleares, de las armas nucleares, la guerra de Vietnam (guerra química),… etc. Esto dio lugar a un cuestionamiento del desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, dejando graves repercusiones en el juicio de la sociedad hacia la ciencia.

Dentro de este desapego hacia las ciencias destacamos en 1962 la publicación del libro “Primavera Silenciosa”. En este libro la bióloga Rachel Carson mostraba su preocupación por el excesivo uso de algunos insecticidas (Carson, 2005; Schwarz, 2014; Ropeik, 2015). Su publicación junto con diversos casos de intoxicación producida durante estos años[2] desencadenó el fenómeno que se conoce como “quimiofobia”[3].

En general, la presencia de una visión descontextualizada y poco real de los científicos, tanto en series de televisión como en películas (como reciente aparición del famoso personaje Walter White en Breaking Bad[4]), sirven finalmente como referentes a los jóvenes y no ayudan a modificar la actitud de la sociedad ante la Ciencia.

Ante el conjunto de estos hechos profesores/as como James Kennedy[5] han buscado una manera cercana y divertida demostrar a sus alumnos/as que la química no es algo artificial y peligrosa, sino que es natural y está en todas partes. Según el profesor: “la química de los objetos divertidos, amables y cotidianos como los plátanos es más complicada y más fascinante que la de, digamos, una bomba” (James Kennedy, 2016)[6]. Cambiar la imagen de la química haciendo que se desvincule de estigmas negativos favorece la aceptación de la sociedad y permite una visión positivista de la misma. De ahí que diese lugar a la generación de carteles como el de la Figura 5, los cuales permiten desdibujar la imagen dañina que se da a la química por término general.

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Dentro de las ciencias, la Biología se ha visto igualmente afectada por esta visión negativa de lo que con ella se investiga. Existe una importante tendencia en la utilización de alimentos ecológicos y rechazando firmemente la utilización de alimentos transgénicos. Sin embargo, el efecto dañino de estos productos no está científicamente probado y es hoy por hoy un tema de gran controversia científica y social. Organizaciones como Greenpeace ha podido fomentar esta negativa ante la sociedad, sin embargo… ¿Conoce realmente la sociedad los pros y los contras de este tipo de alimentos?, ¿Es realmente una decisión fundamentada la que ha tomado la sociedad ante estos alimentos?[7],[8],[9],…

Otro movimiento a destacar, y que ha despertado gran interés entre la población, es el compuesto por un determinado colectivo que rechaza tajantemente la utilización de vacunas. Este movimiento se mueve dentro del ámbito internacional presentando un importante grupo de seguidores dentro de España, es el denominado “movimiento anti-vacunas[10]. Este grupo, compuesto por una minoría de médicos, cuestiona uno de los avances más importantes de la salud mundial, como es el desarrollo de las vacunas, dando de esta forma pie a la propagación de enfermedades que ya habían sido erradicadas.

Una educación científica más contextualizada, una verdadera Alfabetización Científica, nos llevaría a una sociedad con un conocimiento fundamentando ante estos temas sin dejarse llevar por fundamentalismos infundados.

Constanza Ruiz Domínguez 

 

[1] El Grupo Oblomoff nació en Francia en octubre de 2004, cuando treinta personas interrumpieron una asamblea del movimiento “Salvemos la investigación” y denunciaron la complicidad entre la investigación científica, la industria y el ejército. Desde entonces han venido desarrollando una doble actividad en la producción de textos y la realización de denuncias frente a personalidades o iniciativas del medio científico. El nombre de Oblomoff sugiere la necesidad de frenar la invasión tecnológica, y frenar la obsesión por el trabajo y la producción.

[2] En 1956 por metilmercurio en bahía de Minamata en Japón (Polaco, 2008), el escape de TCDD en Seveso en 1976 (Martos, 2008), la contaminación por aceite de colza en 1981 (Lucio, 2011), la explosión y fuga de isocianato de metilo en Bhopal en 1984 (Ibáñez, 2008) o el envenenamiento de nuevo por TCDD, del candidato a la presidencia de Ucrania, Viktor Yushchenko en 2004 (Font, 2009).

[3] Quimiofobia: Se entiende como la aversión irracional ante las sustancias químicas o ante la química en general.

[4] Breaking Bad es una serie de televisión estadounidense que narra la historia de Walter White, un profesor de química que por problemas económicos y de salud decide dedicarse a fabricar y vender metanfetamina.

[5] James Kennedy es profesor de química en un instituto de Melbourne, Australia.

[6] Kennedy, J. (2016). Chemists need to speak the same language as the public. Recuperado de: https://jameskennedymonash.wordpress.com/2016/07/27/chemists-need-to-speak-the-same-language-as-the-public/

[7] 109 nobeles acusan a Greenpeace de “crimen contra la humanidad” por los transgénicos.

Manuel Ansede 1 Julio 216 EL PAÍS. Recuperado de:

http://elpais.com/elpais/2016/06/30/Ciencia/1467286843_458675.html

[8] Impacto de los transgénicos. Greenpeace España. Recuperado de:

http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/Transgenicos/Problemas-de-los-transgenicos/

[9] Agricultura y transgénicos. Greenpeace España. Recuperado de:

http://www.greenpeace.org/espana/es/Trabajamos-en/Transgenicos/

[10] El movimiento anti vacunas tiene en España una creciente aceptación, fomentada por “La Liga para la libertad de vacunación” movimiento naturista que promueve la antiinmunización y encabezada por los médicos Xavier Uriarte (autor del libro: Los peligros de las vacunas, Ática Salud, 2003) y Juan Manuel Marín Olmos (autor del libro: Vacunaciones sistemáticas en cuestión, Editorial Icaria, 2004). Recuperado de: http://www.vacunacionlibre.org/nova/

Bibliografía

Carson, R. (2005). Primavera Silenciosa. Madrid: Editorial Crítica.

Dunbar, R. (1999). El miedo a la Ciencia. Madrid: Alianza.

Gonzálvez, V., Traver, J. & García, R. (2011). El aprendizaje cooperativo desde una perspectiva ética. Estudios sobre Educación, 21, 181-197.

Iruin, Y. (2011). Cuaderno de Cultura Científica. Recuperado de: http://zientziakultura.wordpress.com/2011/07/13/sobre-los-origenes-de-la-quimifobia/

Pablo Lobo, C. (2007). La depuración de la educación española durante el franquismo (1936-1975). Institucionalización de una represión. Foro de Educación, 9, 203-228.

Ropeik, D. (2015). On the roots of, and solutions to, the persistent battle between ‘‘chemonoia’’ and rationalist denialism of the subjective nature of human cognition. Human and Experimental Toxicology, 34(12), 1272–1278

Schwarz, M. J. (2014) La quimiofobia y los alimentos totalmente naturales. Recuperado de: http://naukas.com/2014/01/25/la-quimiofobia-y-los-alimentos-totalmente-naturales/

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